jueves, 17 de julio de 2008

En busca del consenso perdido.



A cuento de las palabras de Cleto Cobos en el senado:

Según la Real Academia Española:
(Del lat. consensus).
1. m. Acuerdo producido por consentimiento entre todos los miembros de un grupo o entre varios grupos.

Quizás es tiempo de entender la política ya no como la eterna puja de intereses mezquinos por el manejo del poder y las arcas públicas; sino como la búsqueda de consensos y acuerdos en virtud del bien común de los ciudadanos y habitantes de nuestro país. Me sentí tentada de usar la palabra patria, pero de un tiempo a esta parte, noto que "me sacaron" las ganas. Es extraño que una palabra cargada de sentimientos y simbolismos se haya convertido en propiedad exclusiva de un sector al que por distintos motivos no creo pertenecer. Se siente raro no sentirse parte de la patria, cuando en realidad una aprendió que la patria éramos todos.
Pero insisto: de un tiempo a esta parte no me sentí parte de "esa patria" y eso me llenó de tristeza, frustración, impotencia. Yo quiero ser parte de la patria, necesito serlo, tengo el derecho y la obligación de sentirme parte de mi patria!

Quizás por eso me gustó escuchar el llamado al consenso.
Me siento identificada por aquellos que esperan, desean y exigen una nueva forma de gobierno: EL DIALOGO.
Pobres de aquellos que creen que negociar, consensuar, conversar, acordar, debatir son formas de debilitamiento. Que poca riqueza intelectual y moral demuestra el empecinamiento infantil de algunos. El rostro crispado de Pichetto, los gestos agresivos, los puños cerrados: fueron una muestra cabal de lo que no me representa. Las apelaciones del senador rionegrino fueron un claro llamado a la Obediencia Debida. La misma obediencia debida tantas veces denostada por estos mismos que hoy la piden a gritos.
Yo no quiero obediencia debida, quiero consensos, acuerdos, compromiso moral en cada acto de gobierno. Creo que es el momento de crecer como ciudadanos, de crecer como argentinos, para de una vez hacer una patria para todos, aún para aquellos que pensamos distinto al gobierno de turno.

miércoles, 16 de julio de 2008

Soy lo que soy.



Acaso queda algo por decir?
Leo y releo opiniones de toda clase y color, sí: de esas de derecha, de esas de izquierda y también de esas que dicen ser lo que en realidad jamás fueron, ni son, ni serán.
Por estos días parece que es fundamental parecer lo que no se es en nuestro bendito país. Parecer lo es todo.
Y en ese afán de parecer son pocos los que se atreven a "ser". Ya casi no me importa ver cómo votan nuestros senadores, me pierdo en el deleite de saber por qué lo hacen. Busco infructuosamente uno de los bienes más escasos de la política argentina del 2008: La integridad de ser lo que se es y animarse a mostrarlo.
En ese afán por buscar la identidad de cada quién, oculta tras trajes de grandes marcas, corbatas de seda o remeras cheguevaristas; me sonrío cuando veo a un gringo curtido y paquete como el Lole. Me sonrío de costado porque reconozco en él a tantos otros. Gringos que se hicieron de abajo y SI: les fué bien. Nuevo pecado capital argentino, por estos días en los que es vergonzante ser exitoso a costa del trabajo.
Me sonrío viendo esa cadencia norteña, mal tildada de apatía por el simple desconocimiento del temple y el carácter de los habitantes de las distintas zonas de nuestra enorme Argentina. Tildado de tibio por gente que desconoce a tantos otros como él.



Me sonrío decía por ese orgullo simplote del Lole de mostrarse como es, de "ser" ni más ni menos que lo que es.
Puede gustar, puede no gustar, pero entre tanto gato que quiere pasar por liebre Reutemann es un espejo de si mismo.

Parece que no está bien visto ser exitoso a costa del trabajo y no es para menos si los paradigmas de éxito son frotar el tujes contra un caño!
Pues llaménme golpista, oligarca, imperialista o como gusten, pero a mi me sigue deleitando verlo al Lole mirando con ese gesto cansino, orgulloso de ser ni más ni menos que lo que simplemente es. Presentando acaso una de las pocas alternativas a la terquedad de medir el largo de la pitulina del matrimonio presidencial.
Humilde, silencioso, sin grandilocuencias mediáticas ni show alpedístico, el gringo presentó un verdadero proyecto de ley.