La historia, dicen, se recrea.
Los seres humanos repetimos ciclos una y otra vez hasta que fruto del aprendizaje logramos trascenderlos.
Pareciera no ser este nuestro caso.
Asistí como espectadora, quizás actriz de reparto, a una nueva edición de la hoguera de las vanidades.
Una pira incendiaria tendiente a purificar por medio del fuego lo que los iluminados del momento consideran pecaminoso, lujurioso, desmoralizante para una sociedad que asiente impávida el festín de unos pocos.
Un acontecimiento cualquiera es utilizado para estigmatizar, señalar, moralizar y "poner en caja" a los que se atrevan a pensar con indicios de libertad.
Como sucede en este mundo global y antojadizo en el que vivimos, el acontecimiento elegido llevaba número y letra: #8N. Se nos ha puesto que ya nada tendrá nombre, todo parece una movida de batalla naval, en fin...
Y apenas nacido el #8N comenzaron las arengas de los Savonarolas modernos, intentando disponer de mi derecho a pensar (o no), de mi derecho a elegir, de mi derecho a decir o callar, de mi derecho a marchar, correr, o rascarme el pupo como forma de expresión.
Y entonces hasta el más rebelde se vistió de monje y arrojó sus escritos a la hoguera, los artistas de renombre incendiaron sus obras, las señoras temerosas quemaron atuendos impúdicos y los más libertinos escondieron sus intenciones por miedo a ser juzgados.
La hoguera de las vanidades, versión argenta se puso en marcha. Cadenas de mails y mensajes de texto insuflando los vahos pestilentes del miedo. Voceros mediáticos de la decadencia agitaron fantasmas tan creíbles como Gasparín. Señores de alquiler que venden sus flácidos valores al mejor postor quisieron convencernos de ser lo que no somos.
Todos trataron de disuadir nuestra intención de decir que el país está como el culo, que las libertades individuales dependen de tu orientación política, que tu hijo está vivo de favor, que la droga no es de locos lindos y que los narcotraficantes no son prósperos inversores, que Clarín me importa un pito, pero que callen a los disidentes es una mierda, que la educación hace agua y el trabajo escasea.
Trataron de hacerme creer que vivo en Suiza, pero salgo a calles que están en guerra y rezo por volver sana y salva a casa. Miro las caras y veo desesperanza, camino por veredas llenas de gente durmiendo, me choco con chicos con la muerte escrita en sus pupilas llenas de paco.
Trataron...Sin embargo, ahí estuve.
Uds sigan: alimenten el fuego con el desinterés, aviven las llamas a cambio de unas monedas, vendan el silencio cambio de una changa, rifen el futuro de sus hijos (si es que tienen la suerte de que lleguen vivos al futuro) e hipotequen su esperanza de una vida mejor.
Sean parte de la hoguera. Y disfruten de la histeria colectiva y del efecto hipnótico del fuego de esta hoguera.
Sean felices señalando o mirando para otro lado.
Jueguen y coqueteen con el poder, pero no me pidan que haga lo mismo.
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sábado, 9 de noviembre de 2013
miércoles, 7 de noviembre de 2012
Atentado
Cuando sucede un atentado, el instante que sigue es de parálisis. Se produce un silencio absoluto en el que las víctimas contienen la respiración y cierran sus ojos con la esperanza de que al abrirlos "eso" que consideraban absolutamente imposible, no sea verdad.
Así lo afirman los sobrevivientes del atentado de Atocha, las Torres Gemelas, o cualquier atentado alrededor del mundo.
Luego de ese instante de estupor, desconcierto e inmovilidad, sobreviene el vértigo. Una locura de actividad frenética en la cual aparecen miles de héroes anónimos que arriesgan su integridad física en pos de rescatar a desconocidos.
Valientes que atraviesan las llamas del infierno, entran en edificios tambaleantes y escarban kilos de escombros con una sola cosa en mente: salvar al otro.
Ese frenesí de heroísmo cederá con el paso de las horas y sólo cuando el cansancio haga mella.
Luego seguirá una tarea de rescate más pormenorizada y planificada, fruto del accionar de especialistas, que harán esfuerzos desmedidos por rescatar las vidas humanas que se puedan.
Más tarde llegarán los trabajos finales de remoción de escombros, y el rescate de los cuerpos sin vida de las víctimas fatales.
Luego de todo esto, viene el camino más largo, el más necesario para que la tragedia no se repita: la investigación y la justicia.
Nuestro país sufrió un atentado. Según la RAE un atentado es: 4. m. Agresión contra la vida o la integridad física o moral de alguien.
Las personas que viajaban en el tren Sarmiento en el cual murieron 51 argentinos,en febrero de 2012, sufrieron un atentado.
Nuestro país TODO lo sufrió.
Y sin embargo pese a las muertes, pese a los heridos, pese a las vidas arruinadas, las ilusiones perdidas, los sueños mutilados, no hay ni investigación ni justicia.
Cualquier sociedad sana necesita explicarse las razones, acá las escondemos.
Cualquier país decente exige transparencia, acá exculpamos a los culpables.
Qué nos pasa como sociedad que 51 muertos no son suficientes?
Pobre de nosotros si no somos capaces de exigir y buscar justicia para que NUNCA MÁS vuelva a suceder.
Saludos y los espero el #8N
martes, 23 de octubre de 2012
#8N - Te esperamos
Vení con amigos.
Vení en familia.
Vení solo.
Vení con tus compañeros de trabajo.
Vení como quieras!
Los ciudadanos vamos a peticionar ante nuestras autoridades. Lo haremos sin banderías políticas, sin colectivos contratados que nos movilicen, sin pagos ni prebendas.
Pedimos como podemos, de a pie, con pancartas, carteles y cánticos.
Pedimos en paz.
Estamos cansados y por eso PEDIMOS.
Pedimos:
- Justicia x Once
- Libertad SIN aprietes
- Que dejen de robar en nombre de "El Modelo"
- Respeto a nuestras libertades individuales
- Seguridad
- Justicia independiente
- Igualdad ante la ley
- Democracia auténtica
- Independencia de poderes
- Educación SIN adoctrinamiento
Pedimos MUCHAS cosas más.
Vení a pedir con nosotros, si pedimos TODOS JUNTOS, nos van a tener que escuchar.
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