De repente, sin darte cuenta bien cómo, te diste cuenta que hiciste algo bien.
Claro que la costumbre de no tomarte en serio, te lleva a mirar para el costado. Esa puta costumbre de no reconocer nuestros propios méritos.
Pero esta vez no podés hacerte la desentendida, lo intentás (porque a modesta: mierrrrda que te van a ganar!), pero no hay caso.
Un día, como cualquier otro, te diste cuenta que tu hijo está mutando de niño bartolo a hombre de bien.
Y las babas te mojan las medias, porque desde el día en que te lo pusieron en brazos y se te vinieron encima todos los miedos del mundo juntos, no pasó una noche sin que pienses que la faraónica tarea de ser mamá, te superaba.
Y acá estás, pensando que después de todo: parece que lo hiciste bien!
Pero al momento de pensarlo, volvés a la realidad y tomás conciencia de todo lo que falta.
Respirás profundamente y sonriendo gritás: ordená ese quilomboooo!
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sábado, 11 de junio de 2011
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