Acudí tempranito, cual jubilada en fecha de pago, porque soy una convencida que al que madruga le queda un ratito para pasear por Avenida de Mayo y mirar libros, antes de correr al laburo. Cuando llegué a mesa de entrada pregunté dónde realizar mi trámite y allí fui a la fila, no era taaan larga la fila; lo que me hizo sonreir contenta pensando en el tiempito que iba a ganar para pasear.
Cortita la fila, pero lenta como babosa en ablande.
Después de cuarenta minutos me tocó el turno, el empleado hizo como un amague de solucionarme la cosa así sin más ni más, hasta contó la plata que me iba a entregar y le hizo unos visto bueno a los papeles, cual maestra ciruela.
Yo creo que fue mi cara de alegría lo que le jodió, porque sin aviso previo me largó:
-Ahhh, no, no. Esto ahora que miro no es acá.
Es difícil explicar mi desconcierto, pero me subió como un calor que al llegar a mi cara me hizo decirle:
- Ajam y te das cuenta cuano ya casi me voy? La pucha que perspicaz.

Luego de una frondosa explicación del tipo: vas al sector tal, por ese pasillo al fondo y en el mostrador de la punta que tiene un cartelito que dice "Giros", pedís que te hagan efectivo esto (vale aclarar que "esto" no era un giro).
Apurando el paso por el tiempo perdido en vano fui al mostrador de "Giros". El empleado me atendió de un modo amable pero acompasado.
Mientras estaba en el mostrador vi venir por el pasillo a Largo, si Largo, el mayordomo de los Locos Adams. Mientras venía con su paso larguesco abrigado como si estuviese en estocolmo con campera, bufanda y guantes de cirujía me enteré que largo trabaja en el sector auditoría médica y que tiene un temita complicado con los microbios. Parece que largo trabaja, come y vive así: con bufanda y guantes de látex. Según sus compañeros del sector Giros: es un personaje.
Del mostrador pasé a otra ventanilla donde esperé aproximadamente veinte minutos porque parece que en giros no me habían autorizado bien el trámite, así que la chica de la ventanilla de caja caminó veinte pasos y fue a pedir la autorización. Fue raro porque parece que para que me autoricen el trámite antes tenían que contarse que Isabel no estaba porque se había ido a la cama solar, porque tiene el casamiento de la prima pobre Isabel y no da ir con ese color de muerta que tiene.
Veinte minutos esperé al son son de una radio de esas que te pasan los cuarenta insoportables del momento: Quién te besó lejos de mi mientras no se qué cuernos pasa...
Mientras estaba ahí sola frente a la silla vacía recordé que hace cosa de dos años aproximadamente yo firmé un petitorio para salvar al Banco Nación. Pensé dónde andará la palnillita con mi firma. Pensé que con mi firma había apoyado a Largo con sus guantes de látex y su problemita con os microbios, había ayudado a Isabel a broncearse en horario de trabajo, y un montón de cosas más.
Dónde estará la planillita con mi firma?
Ojo eh, que yo no soy de arrepentirme así como así, yo no quiero que saquen mi firma del petitorio; pero bueno a lo mejor puedo agregar unas notitas al pie, algunas sugerencias...algo.